Desde que somos padres y madres, nuestra mayor lucha es darle a nuestro hijo, todo lo mejor para que pueda ser feliz. En el entorno que le ha tocado vivir,una sociedad que avanza muy deprisa y en la que se producen continuos cambios (económicos, sociales, tecnológicos) a los que en ocasiones resulta complejo adaptarse. Con todo ello, a veces no tenemos en cuenta «la inteligencia emocional infantil». Estos cambios provoca en las personas inseguridad, que puede manifestarse con síntomas de malestar emocional (síntomas de ansiedad, estrés, depresión, adicciones,…). Para evitar estas consecuencias, se le da afecto desde que nace, una buena alimentación para que crezca sano y  la mejor educación posible. Aquí se va desarrollando la inteligencia emocional infantil.

¿Y quiénes son los que tienen la inteligencia emocional?

Quien posee la inteligencia emocional, sin lugar a dudas, son aquellas personas que, incluso sin tener una exitosa formación académica o carrera profesional, se manejan de forma eficaz por la vida. Saben tomar decisiones adecuadas para sí mismos/as (a qué dedicarse, con quién emparejarse,etc.) y resuelven de forma audaz los múltiples problemas que se le presentan. Para alcanzar este éxito en la vida, estas personas probablemente presentaron una elevada “inteligencia emocional infantil“. Ello implica conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, auto motivarse y enfrentarse a las diferentes situaciones sociales.

Cuando el/la niño/a no sigue un buen desarrollo emocional, muestra dificultades a la hora de comprender, aceptar, explicar y cambiar las emociones. Posteriormente, un alto riesgo de que aparezcan síntomas depresivos, ansiedad, bajo rendimiento escolar, rechazo social, consumo de sustancias, violencia, etc.

Al igual que ocurre con las conductas, las emociones se aprenden.  A medida que el niño/a crece y se desarrolla, va adquiriendo una mayor autonomía y competencia social. Desde el entorno familiar y escolar debe favorecerse que vaya aprendiendo igualmente competencias emocionales, y así se desarrolle su inteligencia emocional infantil.

 ¿Qué podemos hacer para potenciar un adecuado desarrollo de la inteligencia emocional infantil en nuestros/as hijos/as?

  • Inicialmente debemos hacer una reflexión sobre cómo nosotros manejamos nuestras propias emociones. Cómo solemos responder ante las reacciones de los demás, incluidas las respuestas emocionales de nuestros hijos. Éstos aprenden no sólo de lo que les decimos, sino sobre todo, de lo que nosotros hacemos y somos.

 

  • Enseñar a controlar las emociones es diferente a reprimirlas cuando éstas no se pueden evitar. A veces, ante emociones que nos producen malestar como el enfado, el miedo o la tristeza, intentamos hacer cualquier cosa para dejar de sentirlas. Es importante que el niño aprenda a expresarlas de acuerdo con el momento, la situación y las personas presentes.

 

  • No existen emociones buenas o malas, todas las emociones son necesarias y tienen su función (el miedo nos anticipa de los peligros, la alegría nos lleva a la diversión y bienestar, el enfado nos impulsa a resolver una situación de desagrado, …). Hay que enseñarles a expresarlas de forma adaptativa.

 

  • Es necesario aprender a escuchar a los niños y a observar sus reacciones emocionales sin juzgar. Sin intervenir inmediatamente,y nunca restes valor a sus vivencias (evitar expresiones del tipo “no es nada, eso es una tontería”, “eso no es para llorar”). Cuando expresan una emoción intensamente es porque así lo sienten, y debemos compadecernos haciéndoles ver que lo comprendemos. Aprender a observar qué es lo que ha pasado o está pasando para que el niño llore, se enfade o ría. No anticiparse a ofrecerles antes de tiempo las soluciones, permitirles que ellos mismos piensen en posibles soluciones para encontrarse mejor.

 

  • Los niños pequeños a veces lloran o se enfadan porque no son capaces de poner palabras a lo que les está pasando. Nuestro papel como padres/madres es ayudarles a identificar la emoción y llamarla por su nombre. Que aprendan a relacionar los sucesos que les pasan con sus estados emocionales, sin sentirse mal por ello. Una buena herramienta para ello es la narración de cuentos, a través de los cuales ellos desarrollarán su imaginación y se sentirán identificados con los personajes que superan las adversidades.

 

  • Diariamente dedicarles espacios de tiempo para escucharles y preguntarles“¿Qué te pasa o qué te preocupa?, ¿cómo te sientes?”, en lugar de darles soluciones o reprenderles por esos sentimientos. En ocasiones sólo el hecho de permitirles expresar su frustración, miedos y temores ya les ayuda a calmarse.

 

  • Establecer límites razonables y enseñarles lo que está bien y lo que está mal, aprovechando los problemas cotidianos. Si por ejemplo rompen un juguete porque se han enfadado, enseñarles sin gritos cómo cuidar las cosas, escuchar lo que ellos/as harían y después mostrarles otras reacciones. Por ejemplo, podrían cambiar de juego, dejar de jugar, pedir ayuda…

 

  • Aprobad y valorad sus comportamientos adecuados y actitudes positivas de un modo realista y ayudadle a aceptarse como es, un ser único y especial, con sus talentos y limitaciones.

 

  • Respetarles y no burlarse de sus emociones. Conviene evitar expresiones del tipo “pareces un tonto o un bebé llorando”, “como chilles y grites no te hago caso” y utilizar otras como “¿por qué lloras? o ¿por qué estás gritando?”. Estas preguntas les ayudarán a reconocer sus emociones y ver cómo suelen reaccionar en los diferentes estados de ánimo. Luego ayudadles a poner palabras a lo que les pasa y a buscar soluciones para sentirse mejor.

 

  • Practicar a menudo ejercicios de respiración y relajación para que en los momentos de estrés puedan canalizarlo de forma adecuada. Otro modo de liberar las tensiones es hacer ejercicio físico a diario siendo ellos quienes elijan el deporte a practicar.

 

  • Evitar la sobreprotección ante los problemas. En lugar de ello, ayudadles a enfrentarse y superar las dificultades aprovechando la creatividad e imaginación de los niños, ya que a su vez favorecemos su autoestima y autonomía.

¡No olvides!

Educar implica enseñar a vivir en los diferentes estados emocionales potenciando las capacidades de los niños. Ayudándoles a responder adecuadamente ante las posibles dificultades que encuentren. Así, serán  adultos responsables, autónomos, ilusionados, curiosos, motivados por aprender y crecer personalmente; y ello depende en gran parte de nosotros como padres/madres.

 

Claves de detección:

-Dificultades en solución de problemas

-Estado de ánimo bajo

-Conductas diruptivas

 

Verónica Perona

Psicóloga Instituto Alcaraz

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